Vivimos en una sociedad en la que parece que todo vale. Una inmensa mayoría está tan preocupada en alcanzar el tren de alta velocidad del progreso constante, que deja atrás una serie de valores que harían la vida cuando menos mas cómoda y placentera, pero hay que seguir “Progresando” aun a costa de la propia familia, amigos vecinos, etc.
En casa hablar lo justo y necesario, entre anuncios de TV, y muchas veces cada miembro de la familia con un televisor diferente porque ni en ese tema nos ponemos de acuerdo. Con los hijo ¡Perfectos Desconocidos! A los que vemos un ratito y que estamos muy seguros que las barrabasadas en las que puedan participar ellos siempre están libres de culpa. Siempre son los hijos de los demás ¡Faltaría más!, con la buena educación que reciben que para eso me esfuerzo en darles los mejores colegios. Aunque en muchos casos no sepamos ni qué profesor tienen ni se asista, aun por equivocación, a una reunión de colegio para poder compartir criterios educativos de nuestro hijo. Cuando llegan las notas y si estas tienen deficiencias la culpa es del colegio, el profesor la ha tomado con el niño o la Administración es claramente un desastre. De nuevo la culpa es de los demás pues a nuestro niño ya le hemos dejado bien clarito que vamos a ir al centro o donde haga falta, para hacer valer sus derechos, ¡Faltaría más! y que a ningún profesor se le ocurra enmendarle la plana al niño. Porque tiene sus derechos.
Pero todas las monedas tienen dos lados, y en la de la libertad y la democracia uno fundamental “EL derecho de una persona termina justamente donde empieza el de los demás” y vivir en sociedad también es respetar las obligaciones y enseñar a respetar lo que es de todos. Y que el respeto hacia los demás es una norma básica de convivencia.
Es lo que algunos intentamos desde asociaciones, etc., que mejore el entorno de esta población, mientras que esos vecinos “solidarios” no solo no lo hacen, si no que en su insolidaridad con las persona y el entorno además deshacen, y los mismo les da. Está mal que los perros de los demás defequen en patios y calles pero, los de ellos sí. La basura se baja a cualquier hora aunque la terminen de recoger y tenga que estar todo el día al sol fermentando y atrayendo cucarachas y ratas, y por supuesto sin pensar que los contendedores siempre están en la puerta de alguien cuando a los solidarios no les da por dejar la bolsa fuera porque es mucho esfuerzo levantar la tapa. O se sacan los muebles sabiendo que hay un servicio de recogida unos días concertados y que en la mayoría de las ocasiones tanto las casas de muebles, como las de electrodomésticos tienen la obligación de retirar los viejos al servir los nuevos, sin necesidad de convertir la puerta de nadie en una estercolero durante días, y encima tener la desfachatez de los mismos, que ya lo hacen, y sus cómplices, los que los ven, y no los denuncian. Ponen el grito en el cielo y a caer de un burro a los políticos y trabajadores de la limpieza con la frase “Es que no limpian nada! ¡Cada día las calles están peor! Y de las papeleras ni hablamos. Las que pueden tener al lado, que la basura al suelo. Comer pipas en un parque o paseo, que al suelo van. Clase práctica para los pequeños de la solidaridad ciudadana, y que al día siguiente ya tenemos motivo de protesta. Y mientras tanto la gran mayoría, silenciosa, a sufrir los desmanes de estos vecinos “Solidarios” y a reclamar más servicios de limpieza y pagarlos con las subidas de impuestos que la medida conlleva ¡BASTA YA!. Afeémosle la conducta a quien le importa tres pitos las normas más elementales de convivencia y si se rebotan denunciémoslos y que sean ellos los que paguen con sus sanciones los aumentos de los servicios de limpieza. Y a la Administración, de poco sirven las normas si no las hace cumplir. ¿O a caso piensan más en los votos que en el pueblo?
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Editorial Nº 2








