La Opinion de los Vecinos de El Quint.
EL CUENTO DE PINOCHO
En una vieja carpintería, Geppetto, un señor de pelo blanco y con mala leche, terminaba un muñeco de madera. Al mirarlo, pensó: ¡qué bonito me ha quedado! Y como el muñeco había sido hecho de madera, Geppetto decidió llamarlo Pinocho.
Aquella noche, Geppeto se fue a dormir deseando que su muñeco fuese un alcalde de verdad. Y al encontrarse profundamente dormido, llegaron dos hadas buenas (“tránsfugas” en el lenguaje actual) y viendo a Pinocho tan bonito, quisieron premiar al buen carpintero, y montaron una moción de censura, cargándose a los que desgobernaban el pueblo.
Al día siguiente, cuando se despertó, Geppetto no daba crédito a sus ojos. Pinocho se movía, caminaba, se reía y hablaba como un niño de verdad, pero con cerebro de serrín, aunque eso no era problema para ser alcalde. Feliz y muy satisfecho, Geppetto mandó a Pinocho a la alcaldía. Quería que fuese un alcalde muy listo y que consiguiera muchas cosas para su creador.
Pero, en el camino de la alcaldía, Pinocho se hizo amigo de unos niños muy malos que buscaban aventuras y travesuras no muy buenas, consistentes en recalificar terrenos, construir edificios (incluidos ayuntamientos fantasmas), garajes subterráneos construidos en plazas públicas, con la intención de que sus amiguitos los vendan como garajes privados, hacer agujeros en medio del pueblo. Al ver esta situación, el grillo Pepito (el del carrillo) con la ayuda de unos cuantos grillos más, le pusieron un hechizo. Por no ser buen alcalde, le pusieron dos orejas de burro, y por portarse mal, cada vez que dijera una mentira, le crecería la nariz poniéndose colorada. Pinocho siguió con su actitud y continuo haciendo cosas muy malas como se relatan a continuación.
El Ayuntamiento entro en una situación económica critica, pero Pinocho mintió y dijo que él no era el responsable, los que antes gobernaron son los culpables, pese a que dejaron el desgobierno cuatro y cinco años antes. Inmediatamente la nariz le creció un palmo.
En plena recesión económica, se subió el sueldo él y sus amiguitos un 20%, pero la subida la justifica diciendo que, así está en la media de los salarios de la comarca. Inmediatamente la nariz le creció otro palmo.
Les sube a los vecinos sobre un 40% la contribución urbana, pero Pinocho dice que no es el culpable, la culpa es del gobierno central, se compromete con sus gobernados a rebajarles del próximo recibo de impuesto lo que les había cobrado de más y otra vez miente Inmediatamente la nariz le creció otro palmo.
Encabeza y colabora en las manifestaciones que el pueblo organiza para reivindicar que el hospital del pueblo sea para el pueblo. Pero un año después sus malas compañías, montan un hospital privado en otro pueblo y obligan por narices a los vecinos a desplazarse. Pinocho durante ese año ha estado calladito y sin hacer nada, pero mira por donde el grillo Pepito y sus grillos amigos, montan una manifestación pidiendo el hospital del pueblo para el pueblo, entonces Pinocho sale en los medios de comunicación (incluido MeVa7) prometiendo que en 15 días se hará el milagro y los vecinos tendrán especialistas, pero el negocio del hospital de sus amigos ni tocarlo. Inmediatamente la nariz le creció otro palmo.
La nariz le había crecido como mínimo cuatro palmos y su estabilidad estaba en riesgo, por lo que Geppetto debía tomar una decisión. Geppetto tenia un dilema, como Pinocho era un mentiroso compulsivo, si le cortaba la nariz volvería a crecerle por lo que al poco tiempo tendría el mismo problema, Geppetto con dolor de corazón, pero tras haberse forrado hasta las trancas, contemplo la posibilidad de cortarle la cabeza.
Cualquier parecido con alguna realidad es pura coincidencia.
Pascual Pérez.